En el que Chanko desestima la tutela de los nómadas carroñeros
Gracias, oh padres no solicitados, por velar día y noche en beneficio de mi bienestar, mi libertad, mi alma sedienta y otras ventajas civilizadas y civilizantes que otrora añorábanse y ahora también. Gracias también por suplantar el ejercicio de la beligerancia, por otorgar pista a mi infancia, por esconder la tinaja de serpientes y por marcar el suelo con una gran aspa roja, justo debajo de los pies de mi conciencia. No olvidéis apagar la luz del pasillo, encerar las pendientes, guardar el ave del destino en una caja de siete cerrojos y deslizar la cortina de acero en torno a la luz del faro, tal como habéis hecho siempre. Queríais un secreto a voces, pero quizá revienten vuestros tímpanos. El clamor de los damnificados por la suavidad del filo ominoso llegará pronto a vuestro santuario, y habréis de abandonar a toda prisa la hospedería ilegítima. Si no lo percibis aún, dad un paso al frente y mojad vuestra frente con la espuma que el viento levanta desde el fondo del acantilado, donde descansan vuestros amigos.
Dedicado con mucho cariño a los navegantes de Trafalgar Sur
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