9.6.02

Episodio 5
En el cual se lanza un lamento por la civilización herida, un sueño infectado por la vigilia latente
Cabría pensar en la pérdida de ideales. O, peor aún, en el extravío de las ideas. Las mismas que nos han traído hasta la mitad del camino espinoso, en cuyos tramos más angostos otros se dejaron enormes jirones de piel con que los mezquinos forran hoy sus tropelías. Es tan evidente el rumor de la resaca, que los dueños del planeta han de trasladar los contextos hacia adelante o hacia atrás con la esperanza de lavar su manifiesto descrédito consentido, un producto de la presunta santidad de la alternancia de los ciclos que su propia adhesión al inicuo despotismo disfrazado hace posibles. Las viejas ideas, queridas amigas, necesarias y artífices casi por sí solas de la catarsis social (umbral del progreso) no han desaparecido. Llegaron para quedarse eternamente. Sencillamente están guardadas en su estuche, en un lugar muy profundo, tras haber sido usadas en otro gran simulacro.

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