Tiempo muerto
Era tan fácil que hasta yo mismo podría haberlo hecho. Incluso resultaría sencillo repetirlo, una vez que el mecanismo secreto se ha revelado con tal claridad. Lo importante es que no había tal secreto. Ni puertas místicas, arcanos o pociones mágicas, ni la impertinencia de la deslocalización de lo oportuno, una incertidumbre que, a fuerza de fe, se ha tornado sacra. Nada de eso. Sólo tú y yo. Y algunas palabras correctas. Ahora que estás más lejos que al principio me surgen las preguntas a docenas. Mientras tú recorres tu mitad del planeta, yo voy a atormentarme inventando mitos nuevos, para que en el próximo cruce de vías todo tenga una explicación muy racional, como a mí me gusta. Lo que yo no había aprendido hasta el día de ayer es que lo que de verdad me gusta, por encima de todas las cosas, es que me demuestres que no hay forma de que mi razón pueda explicar la realidad.

Ilustración: Javi Kint
No hay comentarios:
Publicar un comentario