14.6.04

Episodio 26
Invierno

No podía dar crédito a mis ojos. La pequeña cala donde pasé tantas tardes junto a los recuerdos inacabados de un verano que nunca ocurrió se había cubierto con un espeso manto de espinos. Así que ésa era la sabiduría que se me otorgaba: pocas flores, defendidas por un bosque de púas afiladas. Por supuesto que no había centinela alguno. Podía entrar y arrancar tantos frutos como quisiera, tesoros genuinos, emociones puras, recuerdos imborrables, tormentas de pasión... Era un momento especial. Hasta entonces sólo había visto la realidad en fotografías viejas. Así que me zambullí en el bosque erizado con el entusiasmo de un amante novel, sintiendo el olor y el color de cada instante mientras iba haciendo mías las mieses de un futuro remoto. Cuando por fin noté que mi piel estaba abierta por un ingente número de llagas es cuando recordé que todavía no había aprendido a orientarme. Mientras se me nublaba la vista y me desplomaba sin remedio pensaba en los momentos maravillosos de un verano que, definitivamente, no iba a ocurrir.

Talando los montes de Venus
Ilustración: Javi Kint

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