29.6.04

Episodio 29
Niebla

Lo has hecho muy bien, nena. Has esperado a que saliera de mi refugio la distancia necesaria para atravesarme de lado a lado sin mayor dificultad... la espada aún incandescente por el fuego de la fragua, como si seccionarme el pecho con una hoja afilada no me fuera a producir el dolor suficiente. Presentarme a la batalla sin armadura ha sido un error, pero es que aún es pronto para que los despistes de principiante me sean ajenos. Además, no sabía que el destino me deparaba esta sorpresa, pues una sorpresa ha sido descubrir que quieres terminar con aquello que deseas. Espero que comprendas que no puedo volver a este lugar. Ver mi sangre derramada por toda la estancia me deja sin palabras, y me recuerda que esto puede significar el desvanecimiento definitivo de mi horizonte. No sé cuánto tiempo tendré que arrastrarme por el suelo hasta que pueda volver a dar un paso erguido. No tengo alma de repuesto. De todas formas, nada me asegura que no vas a levantar de nuevo tu arma para hundir decisivamente su filo en mi espalda, y así dejar bien sentadas las directrices de tu traición. Quizá es que hoy te apetecía destrozar algo hermoso. O puede que mi espíritu tullido, que debería haber muerto hace mucho tiempo, ya no sea capaz de distinguir los colores. La próxima vez explícame las reglas antes de invitarme a jugar.

Buscando a María Jesús
Ilustración: Javi Kint

24.6.04

Episodio 28
Tiempo muerto

Era tan fácil que hasta yo mismo podría haberlo hecho. Incluso resultaría sencillo repetirlo, una vez que el mecanismo secreto se ha revelado con tal claridad. Lo importante es que no había tal secreto. Ni puertas místicas, arcanos o pociones mágicas, ni la impertinencia de la deslocalización de lo oportuno, una incertidumbre que, a fuerza de fe, se ha tornado sacra. Nada de eso. Sólo tú y yo. Y algunas palabras correctas. Ahora que estás más lejos que al principio me surgen las preguntas a docenas. Mientras tú recorres tu mitad del planeta, yo voy a atormentarme inventando mitos nuevos, para que en el próximo cruce de vías todo tenga una explicación muy racional, como a mí me gusta. Lo que yo no había aprendido hasta el día de ayer es que lo que de verdad me gusta, por encima de todas las cosas, es que me demuestres que no hay forma de que mi razón pueda explicar la realidad.

Pezqueñines no, gracias
Ilustración: Javi Kint

18.6.04

Episodio 27
Recogiendo los juguetes de mi cuarto

Llegué a la fiesta justo cuando se cerraba la última persiana. Todavía no había salido el sol, pero el cielo ya era muy luminoso. En una esquina de la plaza había un hombre borracho durmiendo en el suelo con la boca muy abierta. Al otro lado, una pareja de adolescentes apuraba hasta el último sorbo de su instante singular. Yo les miraba y pensaba que el amanecer inminente bastaría para diluir un charco de sensaciones en un mar de evidencias, pero mi opinión no podía ser objetiva. O, mejor dicho, sería un milagro que alguien que ha llegado tan tarde a la fiesta pudiese contar las cosas que allí habían ocurrido con la sagrada objetividad del intoxicado. Mejor que le preguntaran al borracho. Mientras volvía a casa con la esencia amarga de la frustración envenenándome intensamente, iba analizando las causas de mi intolerable retraso. Me di cuenta de que en ningún momento de la noche había sido consciente del paso del tiempo, como si esperase que sólo con creer en la existencia de un eterno suspenso cronológico éste fuese a tomar cuerpo. Es hora de saber si pagaré caro mi error o se me otorgará una segunda oportunidad: caminaré por las calles orientadas hacia el este y, cuando salga el sol, quizás me diluya en su luz como un destello fugaz que nadie llegó a ver.

San Prudencio y el amor
Ilustración: Javi Kint

14.6.04

Episodio 26
Invierno

No podía dar crédito a mis ojos. La pequeña cala donde pasé tantas tardes junto a los recuerdos inacabados de un verano que nunca ocurrió se había cubierto con un espeso manto de espinos. Así que ésa era la sabiduría que se me otorgaba: pocas flores, defendidas por un bosque de púas afiladas. Por supuesto que no había centinela alguno. Podía entrar y arrancar tantos frutos como quisiera, tesoros genuinos, emociones puras, recuerdos imborrables, tormentas de pasión... Era un momento especial. Hasta entonces sólo había visto la realidad en fotografías viejas. Así que me zambullí en el bosque erizado con el entusiasmo de un amante novel, sintiendo el olor y el color de cada instante mientras iba haciendo mías las mieses de un futuro remoto. Cuando por fin noté que mi piel estaba abierta por un ingente número de llagas es cuando recordé que todavía no había aprendido a orientarme. Mientras se me nublaba la vista y me desplomaba sin remedio pensaba en los momentos maravillosos de un verano que, definitivamente, no iba a ocurrir.

Talando los montes de Venus
Ilustración: Javi Kint

12.6.04

Episodio 25
Otoño

En cuanto se veía el desgarro que el final de la primavera había dejado en lo humano, se comprendía claramente que esto no era una cuestión que resolveríamos en la compañía de la luz, tras la muralla de los lobos mansos. Los olores conocidos no volverían a llenar nuestros pulmones con el valor del cobarde enfurecido. Nos habíamos quedado solos. El verano certificó el final del antiguo código. Todos queríamos salir al paso de las caravanas para alimentar la ilusión de que no habíamos creado una irreversible pandemia, pero mediante señales nos indicaban que ellos procedían también de una tierra enferma. Ya no había un lugar en nuestro espíritu para esconder lo ajeno. En el apogeo de la tragedia decidimos sacrificar todo lo bello que en algún momento de nuestras vidas habíamos conocido. Purgamos nuestros recuerdos y encendimos una enorme pira donde ardió cada objeto que había sido creado por las manos humanas. De esta forma nos quedamos también huérfanos de historia. A veces algún idiota mira hacia el horizonte creyendo distinguir la silueta de un gran profeta. A esos hombres se les ve saliendo de la ciudad fortificada a empellones, gritando enloquecidos con los ojos quemados por el sol, pero ninguno de ellos ha regresado para contarnos las causas de su entusiasmo ya que, aunque lo niegan, ellos también están afectados por nuestro mismo mal. Ya sólo nos queda esperar el regreso de las tormentas primigenias, que pasarán por encima de las ciudades fulminando a todos los que llegamos demasiado tarde al advenimiento de la ingenuidad.

A cagar al Casco Viejo
Ilustración: Javi Kint

7.6.04

Episodio 24
Feliz

Los crepúsculos del verano tapan el sol con nubes moradas y descubren la puerta del privilegio. Puedes entrar por la puerta y escribir una promesa cada vez, para que el sol te las vaya recordando todas las tardes de cada verano, un poco antes de oscurecer. Si usas las llaves de la puerta del privilegio como un regalo cotidiano, ya no podrás entrar para escribir promesas. Y ya no volverás a ver las nubes moradas, como si nunca hubieran marcado el camino que tu vida no debía abandonar.

Gracias, Kint
Ilustración: Javi Kint