9.4.03

Bilbao
Vitoria Gasteiz

Al fin la tristeza me ha alcanzado. La tristeza es el alcohol de los recuerdos fermentados. Ahora que me voy, se me echa encima la nostalgia de los momentos irrepetibles. Me voy a una ciudad que está ahí mismo, pero es como si me cambiase de continente. Esta tarde, paseando junto a la ría, descubro que el tiempo genuíno de donde procede lo que hasta ahora no había reconocido como la época más feliz de mi vida, ya ha sido agotado. Esta vez no miro hacia el cambio con la esperanza de las grandes oportunidades pues, de algún modo, sé que el mejor acto de la obra está a punto de terminar.

No hay comentarios: