9.4.03

Bilbao
Vitoria Gasteiz

Al fin la tristeza me ha alcanzado. La tristeza es el alcohol de los recuerdos fermentados. Ahora que me voy, se me echa encima la nostalgia de los momentos irrepetibles. Me voy a una ciudad que está ahí mismo, pero es como si me cambiase de continente. Esta tarde, paseando junto a la ría, descubro que el tiempo genuíno de donde procede lo que hasta ahora no había reconocido como la época más feliz de mi vida, ya ha sido agotado. Esta vez no miro hacia el cambio con la esperanza de las grandes oportunidades pues, de algún modo, sé que el mejor acto de la obra está a punto de terminar.

6.4.03

Huelga del transporte de viajeros por carretera de Bizkaia
Mad Max

Se agravan las lapidaciones de autobuses. Ya sólo les falta entrar a sangre y fuego en el autopullmans de lujo, violar a las mujeres y clavar el pendón feudal en la caja del aire acondicionado. Lo admito: tengo canguelo y por eso me quedo en casa. Mi espíritu pacífico y mi cálido esquijama disuaden al más pintado. Las road-operas no se hicieron para mí.

El otro lado
Wick versus machina

Impresionante. Nuestro prominente compañero de piso ha sacado la PSX2 del cuarto para ver la última de Miyazaki en DVD. En esto que la consola se pone boba y no lee el redondo disco. Hemos soplado, limpiado, fregado y hasta suplicado. No hay arroz, Catalina. A grandes males, grandes remedios. Wick se ha acercado a donde se supone que una PlayStation tiene las orejas y, con voz susurrante, ha amenazado con tirarla por la ventana en el inconveniente caso de que nos quedemos sin cinexín. Mano de santo, oiga. Hasta nos ha parecido oír un débil silbidito, como de alegría en el trabajo, que es como debe de sonar la hipocresía en una máquina desesperada que sólo quiere salvar sus egoístas circuitos.